Depresión
Martes 20 de Julio de 2010
DepresionLa depresión no es un mal que podamos ignorar, porque, literalmente, nos priva de la preciosa vida que Dios quiere que disfrutemos.
Desde que por primera vez se diagnosticó, hace más de 2.500 años, no se ha podido eliminar el desalentador tormento que produce y que afecta a tantas personas, llegando a provocar profundos estragos en su vida. Para muchos expertos en la materia, la depresión causa mayor sufrimiento que cualquier otra enfermedad.

Al no poder enfrentar adecuadamente los diferentes problemas a los que a diario estamos expuestos, nuestro delicado sistema no resiste y se retrae de la realidad para defenderse y refugiarse, produciendo, a menudo, un estado depresivo qué no nos permite “salir adecuadamente”.

Una de las mayores causas de depresión es sentirnos separados de otras personas. Este sentimiento de separación nos deja sin fuerzas y sin el estado de ánimo necesario para enfrentar la vida. 

Lo mismo ocurre con nuestra relación con Dios. Queriendo vivir nuestra propia vida sin la dirección de Dios, nos separamos de Él, y nos alejamos de su amor. Por eso nos sentimos solos. ¡Hemos dado las espaldas a nuestro Creador! Y este hecho repercute en toda nuestra existencia.Dios, al enviar a su Hijo Jesucristo para morir por nosotros, demostró claramente que nos ama. Él sufre al vernos sufrir y le duele cuando estamos abatidos y deprimidos por las pesadas cargas de la vida. 

El perfecto amor de Dios nos levanta, nos anima y nos inspira a confiar en Él sobre todas las cosas. No es que, de repente, nuestra vida se verá libre de problemas, sino que tendremos la confianza y la fortaleza para vivir porque estamos seguros de que Dios está con nosotros. 

Una de las mejores terapias para una persona deprimida es estudiar las Sagradas Escrituras, la Palabra de Dios. No se trata de una lectura ligera, sino de un estudio serio de la Biblia.

Al hacer esto, la gente aleja su mente de la depresión y lo que es más importante, se ve cara a cara con las muchas y firmes promesas de Dios y descubre cómo el amor de Dios nos motiva a crecer. 

Teniendo a Jesús como centro de nuestras vidas, como eje conductor de la misma, no tenemos peligro de caer en depresión, porque Cristo ilumina nuestra vida, dándonos vida en abundancia, porque Él nos dice: 

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida y nunca andará en la oscuridad.”

(San Juan 8.12)

(Artículo extraído del folleto de CPTLN-Chile, “La Depresión”. Si desea saber más solicite su folleto gratuito).

 

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